No, la noticia aparecida hace ya un par de días no me causó ninguna sorpresa. Por desgracia, muchos miembros de las fuerzas de seguridad del estado, así como del ejércti, también en España, profesan esta ideología. Lo comprobé hace algunos años. Acudí a una tienda de armas. Era todavía un adolescente que sólo quería comprar unas botas militares, y allí estaban dos policías nacionales mirando, con una ilusión desmedida, toda clase de material nazi: insignias, cascos, llaveros,... Trabajo en una biblioteca. Pues bien, uno de los chavales que aquí han preparado las oposiciones a policía nacional, y las ha aprobado, me vino un día con las fotos que él y los de su promoción se han hecho en Ávila (lugar en el que está el centro de adiestramiento). En dichas fotos aparecen posando, muy gustosos todos ellos, con una bandera franquista, con el águila y todo. Me diréis que son una minoría los que dentro de la policía piensan y actúan así. Puede ser, pero quizás sean una minoría muy peligrosa. Quizás sean demasiados.
También he conocido, todo hay que decirlo, por ejemplo, a un par de tipos que perteneciendo a las fuerzas armadas, son personas normales y corrientes, y sin veleidades ultraderechistas. El peligro es que el ejército y la policía son instituciones en las que se impone el principio de autoridad y de obediencia. Y eso condiciona mucho. Demasiado, me atrevería a decir. Estos militares belgas, según reza el artículo, por ejemplo, amaban las armas. Bueno, ese ya es un mal comienzo.

Como tu muy bien dices en las fuerzas armadas y en cualquier cuerpo de policia hay de todo, pero yo siempre pense que para acatar ordenes sin cuestionar la mente debe ser muy acomodaticia o ser personas muy cuadriculadas.
Lo cierto que si ya los ejercitos me ponen nerviosa, que encima existan en estos elementos facistas, aun es mas peligroso
besos
yo conocí una vez un ejército cuyos soldados mataban a la gente a besos.
Bueno, los provos holandeses, una especie de movimiento político que entronca con lo que fue Mayo del 68, propusieron en una ocasión que los policías vistieran de blanco y llevaran como arma exclusivamente un mechero con el que darían fuego a aquel que lo necesitara.