No era de extrañar. Bush y su equipo no se van a bajar del burro, como diríamos coloquialmente. No van a reconocer sus errores, por más que éstos sean evidentes. Y la invasión de Irak, está claro, se mire por dónde se mire, que ha supuesto una gran cagada. Pero, a lo hecho pecho. Eso parece decir George Bush con sus últimas declaraciones. Y es que el que fuera Gobernador de Texas parece guardar en el fondo de su alma al más patético de los cowboys, empeñado en impartir justicia. Bin Laden es el nuevo monstruo. El paradigma del mal. Y lo más curioso es que la familia de este individuo se lleva a las mil maravillas con la familia Bush. Suena un poco raro, ¿no?

También es raro el intento de atentado contra la embajada norteamericana en Damasco. La verdad es que si hubiera habido daños personales contra el personal diplomático norteamericano, Estados Unidos hubiera tenido un motivo más en su lista ficitia de afrentas que supuestamente la libertad ha sufrido por parte del régimen sirio. ¿Quiénes serían esos terroristas que intentaron atentar contra el edificio diplomático? Terroristas islámicos fundamentalistas. ¿No? Pues las fuerzas sirias los abatieron. ¿Será que Siria no es un régimen fundamentalista que apoya el terrorismo? Bajo el prisma estadounidense, que divide al mundo en buenos y malos (según bailen o no al son que marcan los yankis), eso no es posible.

Mientras tanto, se ha estrenado en Canadá la película en que se da muerte (sólo en la ficción) a George W. Bush. Tengo curiosidad por ver la película, aunque tampoco me parece una gran idea. ¿Qué importaría en un momento dado la muerte de Bush? No es más que un pelele. Y con lo de que su ficticio asesino sea sirio, ¿qué se ha querido sugerir?

Por otra parte, Al Zawahiri, lugarteniente de Osama Bin Laden, ha llegado a amenazar a las tropas ONU con su presencia en Líbano. Es un tanto absurdo. Al-Qaeda nada ha tenido que ver jamás con Hezbolá. De hecho, la organización que dirige Bin Laden ha sido siempre enemiga acérrima de los chiies. De ahí que en su día fuera financiada por Estados Unidos, ávidos de crear un enemigo poderoso a Irán. Por tanto, la cuestión es ¿qué pretendía el terrorista egipcio con sus declaraciones? ¿Quería apropiarse un logro, el de Hezbolá? ¿O, como buen agente de la CIA que algunos llegan a considerarlo, no hacía sino relacionar directamente a Hezbolá con el terrorismo? Yo diría que ambas cosas, y sobre todo lo segundo.