Hace tan sólo un par de días que pudimos contemplar vía televisión cómo Israel practica su derecho a la seguridad y a la defensa. Dicho en otras palabras, cometieron una nueva matanza de civiles. La indignación recorrió el mundo. Todos aquellos con los que hablé me mostraron su indignación por el comportamiento israelí. Sin embargo, ¿qué ha hecho la ONU desde entonces?

Pues la ONU exigió a Irán que abandone su programa de enriquecimiento de uranio. Una maniobra estupenda, ¿no os parece? No hay nada mejor que crear un nuevo foco de atención mediática (o rescatar uno antiguo) para que poco a poco se nos olvide lo que vimos en la televisión el día anterior. Así ese continuo de tragedias y amenazas quizás pueda hacernos olvidar lo que hemos contemplado. Es una estrategia burda, pero funciona las más de las veces.

La ONU, por contra, en lo referente a la invasión de Líbano sólo lamentó lo ocurrido en Qana. Lamentamos, pero no condenamos. ¿A alguien le suena esa frase? Con ella crucificaron a Batasuna durante años, y bueno, simplemente por decir eso y poco más los consideraron una organización terrorista. ¿Es la ONU una organización terrorista? Habrá distintas opiniones al respecto. En cualquier caso, a mí resulta obvio que es una organización inútil y que funciona mal. El derecho a veto que tienen los miembros permanentes de su consejo de seguridad es un lastre terrible para las relaciones internacionales. Estados Unidos, en su papel de potencia hegemónica, utiliza a esta organización como le viene en gana. Y un día no permite una condena a Israel por sus atracidades, y al siguiente da vía libre a una resolución contra Irán, simplemente porque le viene bien para su juego geoestratégico global.