Después de observar cariacontecidos a dónde puede llegar la barbarie del ejército israelí, capaz de razonar tan alegremente que toda la población civil de Líbano es directamente objetivo de sus bombardeos, asistimos a un nuevo espectáculo de la confusión, gracias sobre todo al señor Blair. De este tipo poco se puede esperar ya, sobre todo después de la ayuda prestada a Bush en los últimos años, formando ambos la pareja de genocidas que probablemente más muertes arrastren a sus espaldas desde la Segunda Guerra Mundial. Analicemos la noticia recién publicada por El País.

Blair propone una fuerza internacional que se ubicaría en el sur de Líbano para "poner fin a los bombardeos en Israel y desarmar a la Hezbolá". Bueno, ¿y por qué no poner fin a los bombardeos en Líbano? ¿Y por qué no desarmar a Israel? ¿Por qué no ubicar esa fuerza de interposición en territorio israelí? O mejor, ¿por qué no ubicarla en los territorios palestinos, sometidos a una política permanentemente genocida de los sionistas?

Annan tiene un discurso algo distinto al de Blair, pues insta también a Israel a moderar sus respuestas. Aún así, la cuestión de fondo es la misma de siempre: nadie es capaz de plantar cara a Israel y decirles inequívocamente que ellos son los responsables de este tipo de situaciones que permenentemente se generan en la zona.

El G-8, como no podía ser de otra forma, también ha emitido una resolución en la que si bien pide a Israel moderación, responsabiliza principalmente a Hezbolá y a Hamás de lo que sucede. Es triste, pero este es el mundo en el que vivimos. Y me temo que a corto plazo no va a cambiar...