Los acontecimientos se suceden y parece que la segunda Intifada, que dura ya varios años, podría desembocar en un conflicto de mayores dimensiones que abarcaría toda la región de Oriente Próximo, y enfrentaría a Israel con todos los vecinos de la zona.

Ayer estaba indignado. La ONU, un organismo defenestrado por su incompetencia a la hora de solucionar conflictos, volvía a dar cuenta de lo que es desde hace tiempo. Estados Unidos vetaba una resolución que condenaba la política israelí. Indignante. Si todos los países del mundo se ponen de acuerdo en que la política israelí es un peligro a escala mundia, ¿por qué la opinión de un sólo país puede prevalecer? ¿por qué esa omnipotencia que concedemos a Estados Unidos? La de ayer es otra decisión más que pasará a la pequeña Historia de las tropelías que los Estados Unidos han cometido a escala internacional.

La crisis comenzó hace varios días por el secuestro por milicianos de Hamás de un soldado israelí. El Estado Sionista afirma que inició esta ofensiva para liberarlo. Pero si así fuera, habrían negociado desde primera hora, en lugar de iniciar un nuevo acto genocida. Era una vuelta de tuerca más a la razón por parte de Israel. Más tarde, un nuevo enfrentamiento en la frontera con Líbano dejaba a varios soldados israelíes muertos y dos más secuestrados a manos de Hezbolá. Otra vuelta de tuerca más a la razón y todo Líbano es bombardeado y amenazado por parte de Israel. Y lo que preocupa al Estado que ha tenido dirigentes tan humanitarios como Ariel Sharon es demostrar su supremacía militar en la zona. No pueden permitir que nadie ande secuestrando a sus soldados como quien anda por su casa. Ellos, por contra, sí pueden permitirse demolar casas, practicar asesinatos selectivos, ocupar territorios, invadir países, y, en general, matar a quién le de la gana.

La posible entrada en el conflicto de un país como Irán y otro como Siria no hace sino agravar la situación de Israel, a quién no conviene una guerra con varios frentes. Estados Unidos desaconseja esta a Israel que agrave el nivel de tensión, pues su situación en la zona no es cómoda, y puede que tuvieran que intervenir para solucionar los problemas a su viejo amigo. Si bien en el pasado Israel ha podido enfrentarse a varios países de la región al mismo tiempo, hoy esa perspectiva es un tanto más compleja. La política continuada de atropellos contra los palestinos y la reciente invasión de Irak han convertido la zona en un auténtico polvorín. No olvidemos que los palestinos con su política de acciones suicidas han plantado hasta cierto punto cara a Israel. A un alto precio, es cierto, pero han plantado cara. ¿Puede Israel afrontar una guerra contra Irán, Siria, Líbano y los palestinos en su propio territorio. Esperemos que no se produzca dicho conflicto, pero caso de que nos encontremos en sus prolegómenos, sólo puedo desear que el mismo conduzca a la destrucción del Estado de Israel. ¿Se puede desear algo así? Yo creo que sí. Si esa guerra se produjera e Israel saliera victorioso, quien volvería a pagar los platos rotos, como viene sucediendo desde hace años y más años, serían los palestinos. Y confío en que llegue el momento en el que los eternos perdedores den la vuelta a la tortilla de una vez por todas.