Me hierve la sangre por lo que está sucediendo en Oriente Medio. Sin embargo, hoy dedicaré mi atención al proceso electoral mexicano.

Hay hasta vídeos en los que las irregularidades que denuncia el PRD y su candidato López Obrador, presente en la coalición "Por el Bien de Todos", son incuestionables. También hay hechos incuestionables en este sentido, como los que demuestran que en determinadas circunscripciones hubo más votos que personas censadas. En fin, una elección ajustada, unas instituciones que han de velar por la limpieza del proceso (y que sin embargo son manifiestamente partidistas), unos resultados que varían según los distintos recuentos, y pruebas de fraude manifiestas... todo recuerda a lo sucedido en las primeras elecciones que ganó (y ganar es un decir) Bush hijo.

Lo que más asusta de todo esto es que a escala internacional nadie se asusta por lo que sucede. Quizás es que los cimientos de nuestros sistemas supuestamente democráticos están tan podridos y corruptos. Pero es escandaloso. Hoy en El País parece una entrevista a Calderón, en la que este promete programas de ayuda social. Esos programas de ayuda social probablemente son las migajas que el pueblo ha conseguido votando mayoritariamente a un candidato, López Obrador, del PRD que, sin embargo, no subirá al poder. Es decir, si realmente Calderón y los hombres del PAN no tuvieran la certeza de que estas elecciones las han perdido en realidad, no harían la menor reforma social.

Ahora bien, lo preocupante es que la Unión Europea, a pesar de las primeras valoraciones de los observadores presentes, concede plena validez al proceso. También lo hace, como no podía ser de otra forma, Estados Unidos. Hasta El País, con esta entrevista, también acepta lo sucedido. Así acontecen las cosas, por la vía de los hechos. Unas elecciones son válidas porque así lo dicen algunos, y no porque lo sean per se.

Y lo peor es que ni siquiera el PRD era tan preocupante. Pero en determinados lugares, como es en México, el menor alarde de izquierdismo está censurado. Es un país demasiado importante. Sobre todo para su vecino del Norte. Demasiado importante como para permitir una auténtica democracia.