Zapatero anunció ayer el inicio de conversaciones con ETA. Era algo ya esperado. Lleva cargando el PP contra esta decisión desde hace meses, sin que aún se hubiera producido. Por eso ayer, la derecha española parecía haberse quedado sin munición en un querer y no poder atacar al Gobierno. Por ejemplo, si analizamos las declaraciones hechas por María San Gil, rápidamente nos damos cuenta de que ni la beligerante política pepera ha sabido decir nada nuevo. Ayer Zapatero dijo algo (y los medios así han sabido reproducirlo): se iniciaban las negociaciones con ETA, y por tanto la segunda fase del proceso de paz (la primera constó del alto el fuego y su verificación posterior).

Rajoy, por su parte, intentaba patéticamente justificar que esta situación no era igual a la del 98, cuando las conversaciones del Gobierno Aznar (en el que él estaba) con ETA. Y ese es el quid de la cuestión y de los despropósitos del PP. Si ellos comprendieron en su día que el fín de la violencia de ETA estaría supeditado a un proceso como el que ahora se abre, ¿por qué lo rechazan tan frontalmente?

Otro aspecto interesante es como al Gobierno le ha venido bien la actitud del PP en los últimos meses. Habían anunciado a bombo y platillo que no estaban a favor del proceso de paz, habían afirmado que la tregua era un engaño, habían dicho cualquier clase de barbaridad con tal de que a corto plazo le diera algún rédito. Y no lo han conseguido. Y, por si esto fuera poco, han gastado todo su arsenal de frases y eslóganes mediáticos contra el proceso. Todos sabemos ya lo que dicen. Por tanto, Zapatero no se dignó a aparecer nuevamente en el Parlamento. A los ciudadanos nos resulta ya cansino escuchar el tono de voz del señor Acebes y el señor Zaplana, e incluso más el de Rajoy. ¿Para qué entonces un nuevo debate?

En Verano será además más fácil sustraer el tema de las negociaciones de los excesivos focos que tenía quizás hace solo un mes. La mayoría de los españoles se irá a la playa o al campo, estará un mesecito de vacaciones y cuando vuelva, quizás, uno de los problemas más graves que desde hace ya demasiados años azota este estado se habrá resuelto. Si los cálculos de Zapatero vuelven a salir bien, va a estar complicado desbancarle de su sillón presidencial.