Ayer se aprobó el nuevo Estatuto de Autonomía para Cataluña. La participación rozó el 50%, y el Si llegó al 73,9%, mientras que el No se quedó en el 20,76%. Esos son datos objetivos. Ahora bien, las interpretaciones que unos y otros han hecho de este resultado es bien distinto. El País afirma que los catalanes dan un amplio sí al estatut. Por su parte, El Mundo hace hincapié en la baja participación además de conceder gran importancia a las declaraciones de Rajoy. Ý, como no podía ser de otra forma, La Razón reinterpreta la realidad a su gusto con números inexistentes.

Más que tres versiones distintas de un mismo acontecimiento, parecen tres acontecimientos distintos. En cualquier caso, conviene analizar un par de aspectos. En primer lugar, la participación ha sido efectivamente muy baja. ¿Qué conclusión se puede sacar? Tras el pasado referéndum sobre la Constitución Europea, quedó claro que los españoles sólo acuden a las urnas en masa cuando hay en juego unas elecciones de verdad. Es decir, sin el condicionamiento de una machacante campaña electoral, muchos optan por quedarse en casita cómodamente. Eso es un hecho. También podría interpretarse que a muchos catalanes el estatut es una cuestión a la que no han concedido mucha trascendencia. Eso parece lógico y cierto. Ahora bien, resulta increíble como los medios del a derecha machacona reinterpretan un resultado electoral para concluir que se ha producido el contrario. Han convertido el Si en un No. Absurdo. El que la mitad de los votantes se haya quedado en casa no significa que rechacen el Estatut; significa que no lo consideran un asunto trascendente en sus vidas.

El segundo aspecto a comentar es el abrumador Si registrado entre los votos emitidos. Mientras en España el estatut no es un elemento de debate político como sí lo fue hace unos meses, en Catalunya seguirá siéndolo durante mucho tiempo. Y dos fuerzas políticas quedarán un tanto mermadas por el resultado del referéndum. Una es el PP y otra ERC. En mi opinión, será sobre todo el PP quién más sufrirá en próximos comicios los efectos de estos resultados. Decían estar en contra del estatut, pero no de Catalunya. Sin embargo, la mayoría de la población catalana ha parecido entender que también lo segundo era cierto. ERC quizá consiga minimizar los efectos del No. Tienen mayor capacidad de autocrítica que el PP, y la suya era una campaña complicada. En cualquier caso, pronto sabremos qué resultados reales ha tenido el Estatut para la relación de fuerzas respecto a unas próximas elecciones autonómicas, que todos los analistas coinciden en señalar que están a la vuelta de la esquina.

El escenario, en ese sentido, se complica para el PP. ¿Por qué? Pues porque en unas autonómicas catalanas nunca han conseguido un resultado decente. Y tal y como está la cosa un nuevo fiasco en las urnas puede confirmar algo que ya casi todos han percibido: la política de los populares no tiene el menor sentido y conduce inexorablemente al fracaso. El tiempo nos dará la razón o nos la quitará.