Todos recordamos aquel famoso huracán que demostró la debilidad de los Estados Unidos. No era ya un ataque terrorista, sino una catástrofe natural, la que provocó unos destrozos multimillonarios y causó un número de víctimas que nunca sabremos. No hubo previsión por parte del Gobierno. Los diques de contención de los pantanos cercanos estaban al borde del colapso y se sabía. Sin embargo, el dinero no llegó a Nueva Orleans. Esos fondos se habían ido a Irak para combatir al terrorismo.

La noticia que nos llega ahora es que los fondos de ayuda que se dieron a algunos de los afectados por el Huracán han sido (en un 16%, según un estudio) empleados de forma fraudulenta. A los afectados se les dieron unas tarjetas de crédito con las que podían hacer sus compras, pagarse un hotel, viajar a casa de unos familiares, etc... Sin embargo, la noticia que nos llega ahora es que se han pagado botellas de champán en clubs de strip-tease, se ha pagado una operación de cambio de sexo, un viaje de vacaciones a Santo Domingo. Son datos que la Oficina Contable de la Casa Blanca ha extraído de un pequeño muestreo que ha realizado. Aquí tenemos una de las claves del asunto. Se trata de un pequeño muestreo el que dice que el 16% del dinero se empleó de forma poco correcta, y lo dice la Oficina Contable de la Casa Blanca (este dato aún más importante).

La inmensa catástrofe del Katrina dejó ver cómo el Estado Norteamericano estaba al borde del colapso en cuanto Estado que garantiza servicios y protección a sus ciudadanos. Para empezar guerras anda muy bien. ¿Por qué surge ahora esta noticia? Una teoría, nada descabellada, es que Bush quiere acabar con la Oficina Federal de Emergencias, que es la institución que gestionó la catástrofe. Es cierto que no la gestionó nada bien, de hecho lo hizo pésimamente. Pero claro, es la escasa protección y seguridad que el Gobierno Federal de los Estados Unidos ofrece a sus ciudadanos para hacer frente a las catástrofes y desastres naturales. ¿Qué sucedería si se acabara con este organismo? Sucederían dos cosas. La primera, que no habría ya institución que protejiera, aunque fuera mínimamente, a los ciudadanos ante ese tipo de acontecimientos. La segunda, que el Gobierno tendría que dedicar menos dinero a esa Agencia; de hecho no tendría por qué dedicar nada.

En resumen, lo que planteo es que quizás nos encontremos ante una burda maniobra política para privatizar un organismo de este trascendencia. El Gobierno apenas da dinero para que cumpla con sus funciones. Cumple mal con sus funciones. Se destapa un escándalo. Se suprime el organismo. Y, como último paso, se privatiza la gestión de las catástrofes naturales. ¿Descabellado? Yo diría que no. Puede que me equivoque, pero ¿por qué la propia Casa Blanca tira piedras contra su propio tejado? ¿Será eso que llaman transparencia democrática? No creo, al menos tratándose de George W. Bush.