A pesar de la ilusión que a día de hoy inunda a la inmensa mayoría de la sociedad vasca, y a una parte importante de la española, un análisis frío de la situación nos lleva irremediablemente a afirmar que el proceso de paz será "duro, largo y difícil". Y no lo digo yo, lo dice Rubalcaba, Ministro del Interior.

Soy de los que cree que ETA es sincera cuando dice que quiere abandonar la violencia de forma definitiva. Sin embargo, el escenario es más complejo y los actores muy diversos. De un lado está el gobierno, que creo que apuesta decididamente por este proceso. Lo hace por varios motivos. En primer lugar porque es obligación de todo Gobierno acabar con un fenómeno como es el terrorismo. En segundo lugar, porque espera obtener réditos electorales. Ahora bien, el Gobierno no es mucho lo que puede ceder, en parte por no perder esos réditos electorales de los que hablaba.

Otro actor decisivo es el mundo abertzale en su conjunto. Sin duda las opiniones dentro de este universo son de lo más variadas. Aunque creo que sustancialmente todas coinciden en señalar que la vía de la violencia tiene sus días contados. Después de cuarenta años de lucha armada, incluso los sectores más radicales de la sociedad vasca están cansados de tanta violencia. Lo importante es saber a cuáles de sus demandas son capaces de renunciar, y cuáles son irrenunciables para ellos. El tema de los presos es crucial, a mi entender.

El PP es otra de las claves e incógnitas que intervienen en esta historia. Hay que señalar que ya desde la anterior legislatura se observó un giro a la derecha, que aún se acusó más tras la derrota electoral que sufrieron. Cerraron filas y decidieron plantar al Gobierno una oposición que podríamos calificar hasta de desleal. Sin embargo, en lo referente al proceso de paz se han observados ciertos indicios de mejoría. Los elementos más moderados del partido han debido intervenir para exigir a la cúpula que cambie el discurso. Corren el riesgo de que este proceso, tal y como yo pienso, sea irremisible, y por tanto queden para la historia como los que se opusieron a la paz. Aún así, hay que señalar que dentro de sus filas hay muchos elementos que se mueren de ganas por dinamitar el proceso de diálogo.

El PNV es un jugador que aún no ha enseñado sus cartas. Todo el mundo coincide en señalar que no son nada buenas, puesto que se ha quedado fuera de juego. Están deseando participar de alguna forma en este proceso y sin duda jugarán un papel muy importante.

Visto el panorama en conjunto, se puede concluir que este proceso ante el que nos encontramos no será todo lo fácil y rápido que en un momento dado creíamos. Sin embargo, hay que apostar con él, decididamente. Los políticos tienen que saber que una de las principales demandas de la sociedad vasca y española es la paz. A ese fín tienen que dedicar sus mayores esfuerzos.